Una
reflexión para todos los que de una u otra manera hemos pasado por las aulas y
vemos con satisfacción o tristeza la forma en que se llevan las cosas en
nuestro sistema educacional.
Si no fuera por los calendarios que
dicen que estamos en el siglo XXI no nos percataríamos de los cambios ocurridos
a lo largo del tiempo, para muchos colegios es como si estuviéramos en una
especie de universo paralelo que se quedó anclado a prácticas de los años
cincuenta… Es día lunes, son las 7:45 a.m. y los estudiantes se disponen a
formar filas en los patios de sus respectivas escuelas públicas o privadas,
cantarán el himno nacional, el himno de su colegio o tal vez el himno de las
Américas, escucharán la reflexión o “recomendaciones” de un coordinador
general, “jefe de disciplina” o como quieran llamarle, y así la tradición
continuará con otra serie de actividades extra curriculares… seguirán el mismo
patrón trazado por la fuerza de la costumbre, hasta que en la “actuación final
del año”, el discurso de orden con el “balance incluido” (con directiva del
MINEDU porque así tiene que ser) como todos los años, como cada década; como si
se tratara de actos ceremoniales sagrados inmodificables e inamovibles.
Si alguien dentro de la misma
Institución Educativa se atreviera a cambiarlos encontraría dos o más razones
muy poderosas que lo persuadirían a mantenerlas tal como están: “la ley del
menor esfuerzo”, “es la tradición”, “a los padres les gustan”, “une a las
familias” …
Analicemos las cosas racionalmente, a
muchos nos disgusta romper con ciertas tradiciones inútiles porque es
confortable, porque es más fácil, porque no hay nada ya que hacer, que se quede
como está, dejemos que las cosas fluyan… Otros dirán, “tengo que hacer en el
otro colegio”, “vine a esta actuación porque mi hijo me obligó”, “tengo que
hacerlo porque si no bajarán mis calificaciones” … El análisis de las razones
sería interminable y sin límites, la verdad es que no nos gusta salir de
nuestra “zona de confort” además, y es lamentable decirlo, es fruto de la falta
de compromiso.
Mis sinceras felicitaciones y
reconocimiento para los que eligieron ser docentes y hacen de esa labor un
verdadero acto de sacrificio y patriotismo por no decir de heroísmo,
lamentablemente también están los “otros”, aquellos que solo limitan su trabajo
a lo estrictamente necesario, tenemos así que si trabajan para el Estado solo
pasan por caja con la satisfacción del deber cumplido con la increíble destreza
para llenar formularios, actas, evidencias y formatos, destreza que los hace
lucir en el balance final como trabajadores eficientes, aunque en el fondo no
lo sean, para este orden de cosas, todo debe permanecer como está, porque el
cambio no es bueno, porque alteraría para siempre el orden natural de ese
“universo paralelo” en el que se encuentra la educación peruana.
La actividad privada no se escapa del
análisis, también hay colegios que son calco y copia de ciertas prácticas
tradicionales que son un lastre, una rémora que les impide seguir la senda del
cambio.
Para ver este fenómeno de manera
objetiva reparemos en que el panorama finalmente no tiene por qué ser
necesariamente sombrío, hay excepciones dignas de destacar en ambas orillas del
río, instituciones educativas públicas y privadas que tienen de su lado una
comunidad educativa comprometida con los cambios, con romper paradigmas, con
rescatar lo que de verdad funciona y guardar en el baúl de los recuerdos lo que
ya es inútil en esta época.
Mucha atención aquí, para efectuar
cambios no necesitas poseer una gran infraestructura, ni tecnologías de punta
(eso llega después) sino de cambiar mentalidades, estructuras de pensamiento,
miedo al cambio, amor a la patria. Hay Instituciones públicas o privadas que
alcanzan y sostienen el éxito porque en estos tiempos no todo se limita a lo
académico (si bien es lo más importante en una escuela) sino en formar
ciudadanos que promuevan el cambio, ciudadanos que piensen que actúen
corporativamente en búsqueda del bien común.
Pero para que todos estos buenos
propósitos sean factibles es necesario tener en cuenta lo siguiente:
1.
Si piensas que
hay muchas cosas que cambiar, no te equivocas, echa mano de todo lo que tengas
a tu alcance y tú puedas manejar para empezar un cambio, no te pido que muevas
a la nación entera (tendrías que ser un político o un partido) pero empieza por
casa, habla con tus hijos y enséñales a aportar en el aula ideas innovadoras,
por ejemplo, si hay una reunión de aula, por qué no proponer a los profesores algo diferentes para
terminar el año escolar, o por qué no proponer acuerdos de convivencia
institucionales para mejorar el grado de compromiso de todos los padres,
docentes y estudiantes del aula.
2.
Recuerda tienes
el control sobre todo lo que esté en tus manos y no en las manos de otros, por tanto,
puedes persuadir, convencer y motivar a tu comité de aula para que en lugar de
perder el tiempo en eternas discusiones respecto de quien tiene la culpa ten ya
a la mano propuestas concretas de solución a problemas concretos.
3.
Si trabajas en
una institución educativa en tu calidad de docente, auxiliar, directivo,
psicólogo, etc. No olvides que este trabajo debe ser el menos rutinario y el
más innovador. Agilizando procesos, organizándolo todo permite a la larga que
todos sigamos motivados y si bien la exigencia de la autoridad educativa
nacional y local es entregar papeles, formatos, reportes y evidencias más
importante, aún es el compromiso que tienes con tu nación, con tu patria…
Admiramos el trabajo exitoso del entrenador de la selección de fútbol pero este
suponemos que para él más importante que los papeles fueron los resultados
concretos obtenidos y el crecimiento personal de sus dirigidos.
4.
Las
Instituciones Educativas suelen tener reuniones llamadas “Jornadas de
Reflexión”, haz que estas no se queden en un mero trámite que hay que cumplir,
es la oportunidad que todos tenemos para incluir algo nuevo; y si en tu colegio
no las hay pues reúnete con los otros padres de familia y exige que se den, es
el momento ideal para aportar soluciones e innovar.
Somos expertos en quejarnos, en
encontrar inmediatamente los defectos en los demás, pero se nos hace
especialmente difícil romper paradigmas, si creemos en la ley del menor
esfuerzo, mejor pensemos en simplificar procesos… Estoy seguro que estudiantes,
padres y profesores tienen cientos de ideas innovadoras que nos sacarían de la
sagrada rutina. Salvando las distancias o nos adaptamos a los cambios o estamos
condenamos a nunca clasificar al mundial de las oportunidades como país ni
mucho menos jugar en las ligas mayores de la educación incluso a nivel
regional.
Lic. Antonio Sánchez Chávez
C.Ps.P. 9570
Psicólogo Educativo
Lic. Antonio Sánchez Chávez
C.Ps.P. 9570
Psicólogo Educativo

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